El mundo debe estar atento a las próximas elecciones en Irán

Por Golnar Motevalli con la colaboración de Ladane Nasseri.

En la ciudad más sagrada de Irán parecería que sólo un hombre tuviera posibilidades de ganar las elecciones presidenciales de la próxima semana.

Las principales plazas y esquinas de Mashhad, sede del santuario más importante del país, están cubiertas de carteles del clérigo Ebrahim Raisi. Con su turbante negro chiita, mira hacia anchos bulevares y aceras en tanto las mujeres pasan con sus capas de chador negro.

Justamente desde aquí, los conservadores religiosos de Irán están montando un contraataque al presidente Hassan Rouhani, a quien culpan de venderse a las potencias occidentales y no arreglar la economía. Un sondeo mostró que Raisi, de 56 años, a quien los medios de comunicación locales suelen mencionar como posible sucesor del líder supremo de Irán, se enfrentaría a Rouhani en una segunda vuelta. La pregunta es hasta dónde puede hacer llegar su campaña más allá de sus feudos piadosos y de línea dura en la última semana y provocar una derrota que tendría ramificaciones globales.

Si Raisi ganara, “perpetuaría esta mentalidad de asedio que se ha transmitido de generación en generación en vez de tratar de construir puentes y relaciones bilaterales”, dijo Sanam Vakil, investigador asociado en el instituto de asuntos internacionales Chatham House, con sede en Londres. “Perpetuaría la política exterior más convencional y conservadora de la confrontación”.

Los discursos de Raisi van dirigidos a los iraníes de bajos ingresos, destacando lo que describe como una creciente brecha entre ricos y pobres desde que Rouhani llegó al poder. Según Foad Izadi, miembro de la Facultad de Estudios Mundiales de la Universidad de Teherán Está, trata de ocupar el espacio que dejó el predecesor de Rouhani, el populista Mahmud Ahmadinejad.

Significa que apela a un electorado más preocupado por arañar un nivel de vida decente que por la política exterior de Irán, pese al fantasma de un conflicto que se intensifica con Arabia Saudita y el enfriamiento del acercamiento con Occidente en un segundo plano. El presidente estadounidense, Donald Trump, criticó el acuerdo nuclear de 2015 y su gobierno puso a Irán “en aviso” en febrero tras una prueba de misiles balísticos.

En cierta medida, eso beneficia a los duros, y votantes como Sediqe Qavi representan el público al que apunta Raisi. Las cosas se han vuelto más difíciles para ella bajo el liderazgo de Rouhani, dijo.

Qavi, de 26 años, trabaja a tiempo completo en una tienda de Mashhad que se especializa en pañuelos de cabeza y chadores y junta sus ingresos mensuales con los de su hermano de 35 años, que hace changas en la construcción. Ambos ayudan, dice, a mantener a una familia de cinco hermanos y a su madre viuda con alrededor de 15 millones de rials (US$460) al mes.

“Mi problema con Rouhani es que aquí no ha cambiado nada y las cosas se están volviendo más caras”, dijo Qavi. “No se trata de hacer muchas promesas, la cuestión es hacer 10 y luego asegurarse de cumplir al menos cinco.”

Mashhad, el lugar de nacimiento del líder supremo Ayatollah Khamenei, encarna el conservadurismo iraní. Obtiene gran parte de sus ingresos de la tumba del imán Reza, una figura sagrada para los musulmanes chiíes, que atrae casi 30 millones de visitantes al año.

Raisi pasó la mayor parte de su carrera como funcionario judicial y abogado, y Rouhani lo culpó esta semana de provocar “38 años sólo de ejecuciones y encarcelamientos”. Pero se lo ve de manera diferente en Mashhad y entre los religiosos de línea dura en Teherán, la capital y la Ciudad santa de Qom.