Crudo barato amenaza impulso global de biocombustibles de Brasil

Por Vanessa Dezem y Fabiana Batista.

Brasil se está posicionando como el embajador mundial de los biocombustibles, que lucha contra el cambio climático impulsando la demanda de etanol. Será una idea difícil de defender en un mundo inundado de petróleo barato.

Brasil es uno de los líderes de Biofuture Platforma, una agrupación de 20 naciones que también incluye a Estados Unidos, China y Francia. La organización se formó en la cumbre anual del clima de Naciones Unidas celebrada el año pasado en Marruecos y planea presentar una estrategia global para avanzar en el desarrollo y uso de combustibles de bajas emisiones de carbono en la cumbre de este año que se realizará el próximo mes en Bonn.

“Brasil no quiere ser el único productor y proveedor del mundo”, dijo en una entrevista el subsecretario de Medio Ambiente, Energía, Ciencia y Tecnología del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, José Antônio Marcondes de Carvalho. “Queremos liderar el mercado internacional de la bioeconomía, que tendrá una gran diversidad de oferta y demanda”.

Estos objetivos serán difíciles de lograr, ya que el gasto en combustibles renovables se ha desplomado junto con el precio del petróleo. La inversión en todo el mundo, si se excluyen adquisiciones, fue de US$264 millones en el primer semestre del año, un 25 por ciento menos que en el mismo periodo del año pasado y menos de un tercio que los US$882 millones que se desembolsaron en 2015, según Bloomberg New Energy Finance. Los precios del petróleo se han contraído casi a la mitad desde 2014, lo que vuelve menos competitivos a los combustibles verdes más caros.

El consumo de biocombustibles en todo el mundo tendrá que multiplicarse por diez de aquí al 2050 para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, según la agrupación. Impulsar el consumo interno también es parte importante de los esfuerzos de Brasil por cumplir sus propios objetivos en virtud del acuerdo histórico de 2015. Y como el segundo mayor productor del mundo, Brasil está ansioso por generar más ingresos por la exportación del etanol. El país exportó 144 millones de litros (38 millones de galones) en septiembre, un 2 por ciento menos que un año antes.

El transporte representa alrededor del 23 por ciento de los gases de efecto invernadero relacionados con la energía en el mundo y el cambio a combustibles verdes contribuirá en gran medida a reducir las emisiones. Representantes de las naciones miembro de Biofuture llegarán a Bonn con compromisos y objetivos no vinculantes para impulsar la inversión nacional y fomentar la oferta y la demanda. Además esperan anunciar las políticas que implementarán para alcanzar esos objetivos.

Dificultades

Van a enfrentar importantes dificultades, dijo Julio María Borges, director de JOB Economia e Planejamento, empresa de consultoría en etanol. Puede que Brasil quiera que el mundo consuma más de sus biocombustibles, pero hay pocas señales de una demanda creciente.

“Estas iniciativas para estimular la producción y el uso global de etanol han sido ineficaces”, dijo Borges. “El etanol no es competitivo en el mundo. Brasil ha insistido en promover el etanol a nivel mundial desde la década de los ochenta, pero eso no ha funcionado nunca”.

“El mercado global de biocombustibles sigue aletargado debido a que tanto el crecimiento de la demanda como el apoyo de los reguladores son escurridizos”, de acuerdo con un informe de New Energy Finance publicado en agosto. Como los precios de los combustibles fósiles siguen siendo bajos, el costo no subsidiado de producir biocombustibles de primera y última generación seguirá siendo abrumadoramente antieconómico. “La industria global continúa siendo muy dependiente de los mandatos del volumen”.

“Necesitamos reforzar a nivel internacional el valor de los biocombustibles de bajas emisiones de carbono”, dijo Carvalho. “Las inversiones no se están realizando a la velocidad requerida y simplemente no están siguiendo los objetivos del mundo para el cambio climático”.

Los vehículos eléctricos representan otra amenaza para la demanda de los biocombustibles. Las ventas subieron un 41 por ciento en el primer semestre de 2017 frente al mismo periodo del año pasado, principalmente en China, según New Energy Finance.

Todavía corresponden a una pequeña parte de la flota automotriz mundial, dijo Elizabeth Farina, presidente de la agrupación de la industria brasileña del etanol Unica. Mientras tanto, “los biocombustibles están listos y tienen mucho que avanzar en términos de costos y eficiencia energética y ambiental”.

El cambio hacia los autos eléctricos puede no tener un impacto inmediato en las emisiones totales en países donde la red eléctrica local todavía depende de los combustibles fósiles, dijo Carvalho.

Reducción inmediata

“Los biocombustibles llevan a una reducción inmediata de las emisiones”, dijo. “Los autos eléctricos deben proliferar. Pero su impacto real en las emisiones globales depende de cómo se genere la electricidad”.

Brasil está impulsando el etanol ahora después de que la industria languideciera en la última década, tras el descubrimiento de la enorme región presal de reservas petroleras.

Dado que el país dirigió las inversiones a desarrollar sus campos costa afuera, los precios del etanol se han vuelto menos competitivos a medida que disminuyen los precios de la gasolina. Cerca de 50 ingenios de azúcar y plantas de etanol han cerrado sus operaciones y más de 70 se han acogido a los procedimientos de quiebra en Brasil desde 2011, según Unica.

El mercado interno de Brasil también está involucrado en una disputa comercial con EE.UU., después de que las importaciones desde el mayor productor mundial aumentaran y los precios cayeran. Brasil impuso un límite a los envíos desde los principales proveedores, creando tensión entre la industria y los competidores internacionales.

Esa será una medida temporal en respuesta a un aumento muy específico de las importaciones desde EE. UU., dijo Carvalho. La política se volverá a evaluar una vez que el mercado se estabilice y no debería interpretarse como una señal de que Brasil se opone a un mercado abierto para los biocombustibles.

“El libre comercio internacional es muy importante para el futuro de la bioeconomía”.